Querido amigo Antonio
No hay pueblo que se precie si en sus anales no aparece la figura de un holandés errante. Yo tuve ocasión de conocer a uno llamado Raymond que vino por aquí, por Instinción, para ayudarnos a reforestar, y todavía recuerdo que en una de nuestras conversaciones me explicaba sus vivencias por África (no sería un auténtico holandés errante si no hubiera pisado tierras africanas).
Hablábamos de la educación y me decía que había conocido aldeas remotas sin escuela y aldeas remotas con escuela. En las aldeas sin escuela la educación corría a cargo de la tribu —de la comunidad—; en las aldeas con escuela era esta en exclusiva la que ejercía la función educativa. Lo más curioso es que los niños que conoció en cada una de ellas eran totalmente diferentes. Los niños de las aldeas sin escuela eran respetuosos con los mayores, con las tradiciones y consideraban que todo aquello que formaba parte de su cultura esencial en sus vidas. En las aldeas con escuela, los niños estaban perdiendo el arraigo y el respeto por su cultura y sus mayores; solo pensaban en salir de allí en busca de un mundo mejor.
Esta reflexión me impactó profundamente. Nunca lo había pensado. Es cierto que cualquiera que haya leído las teorías de Ivan Illich acaba considerando a la institución escolar parte del problema más que de la solución. Es mi caso. Pero desde esta perspectiva nueva era fácil comprender hasta qué punto una institución sobrevenida suplanta la autoridad de la comunidad y se apodera de algo tan sensible.
No es extraño descubrir que una educación hiperespecializada, hiperprofesionalizada, hiperburocratizada, hipercompetitiva no puede, aunque quiera, formar personas integradas en su comunidad, soberanas de su existencia, capaces de responder con sobriedad y frugalidad ante sus necesidades. Quizás por eso los movimientos de renovación pedagógica han fracasado rotundamente, porque es una contradicción en sí misma pretender que la escuela sea liberadora, conciliadora o integradora. Para ello debería dejar de ser lo que es.
Probablemente la contribución más valiosa que podrían hacer las corrientes de pensamiento de renovación pedagógica sería cómo restituir la educación a la comunidad sin perder la complejidad del corpus del saber que en estos momentos se está transmitiendo en las aulas. Entendiendo que el saber ancestral se recuperaría por completo.
No es fácil. No nos planteamos objetivos fáciles, amigo. Pero es muy probable que seguir como hasta ahora nos conduzca a una situación indeseable o irreversible; es decir, tampoco será fácil. Así que una por otra, prefiero probar soluciones nuevas y arriesgarlo todo. ¿No te parece?
José Luis Campos
Interesante tema el que están tratando. Interesante y preocupante ante los resultados que la educación actual está mostrando, y no me refiero a calificaciones ni a resultados en el informe PISA.
ResponderEliminarEn mi opinión, todo lo que lleva el prefijo hiper- indica exacerbación y, como dijo Aristóteles, que también fue educador de Alejandro Mago, en el término medio está la virtud.
José Antonio Marina ya decía eso a lo que usted hace referencia: "educa la tribu entera".
Como pasa demasiado a menudo con las palabras, el término "educación" se ha desvirtuado. Etimológicamente, educación se refería al acto de formar, instruir y desarrollar las capacidades intelectuales y morales de una persona, llevándola desde un estado inicial hacia otro más avanzado. Creo que hoy ese objetivo inicial no se está cumpliendo.
Existe un método de educación: el método de educación (de María) Montessori que, me parece bueno porque es un método integral en el que se valora más la educación en su término etimológico que la educación como un simple aprendizaje. También se adecua más a cubrir las necesidades básicas de los niños y las niñas que están en desarrollo, en crecimiento.
Los centros educativos que tienen implantado este sistema obtienen resultados bastante buenos (no me refiero a cuantificables) pues son muchas las ventajas que ofrece a sus alumnos y alumnas, por ejemplo,
fomentar la curiosidad, el amor por la sabiduría, promover el aprendizaje autónomo basado en el interés natural y la pasión de los niños, estimula el pensamiento crítico y la resolución de problemas, desarrolla habilidades cognitivas como la concentración, la memoria y el razonamiento lógico, entre muchos otros beneficios.
Esta educación, llamemosla alternativa, puede contribuir positivamente en el desarrollo de las nuevas generaciones para crear un mundo más libre, humano y amoroso. Creo necesario algo así, maxime cuando la educación está tan desvirtuada y se está sustituyendo por tecnologías varias.
No sé qué pensarán ustedes.
Saludos
Es complicado analizar un fenómeno como la educación que puede ser a la vez parte del problema y parte de la solución. Creo que iremos desgranando algunas cuestiones interesantes en las próximas cartas. De momento debo decirle que su aportación es de gran interés y nos sugiere con el tema de la tecnología una vía muy estimulante para próximos temas.
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