Y esto me pone en contacto con una comprensión fundamental que se desprende de lo que dices en tu carta, muchas veces a través de imágenes, tan atractivas. Y me refiero a la verdad como actitud, más allá de su concepción habitual, como dices muy bien al principio: la verdad entendida como una mercancía que se acumula, se transmite, se vende y se compra, con vistas a obtener ganancias o una huera tranquilidad de espíritu (“yo ya sé todo lo que tengo que saber”). Efectivamente, lo que sea verdadero en un caso determinado, o bien, en un ámbito más general, siempre queda balbuciendo, abierto, por descubrir, de manera que los volúmenes no leídos (según tu propia imagen) bien pudieran ser los libros más cruciales, los más importantes. Lo decisivo, pues, en la búsqueda de la verdad, sería la propia actitud de búsqueda de la verdad. Pues entender la verdad como una búsqueda constante y viva, esto, en sí mismo, nos permite situarnos adecuadamente en la realidad, siempre por descubrir. No sé si me explico... Quiero decir que, en la expresión “la búsqueda de la verdad”, es mejor poner el acento en “la búsqueda” misma y no tanto en “la verdad” que, en último término, siempre permanece ignota para nosotros, dados nuestros condicionamientos y limitaciones.
Esta idea (o, mejor decir, actitud) ya la hemos tratado en nuestras cartas dedicadas a la duda, hablando de los escépticos antiguos. Y no respetarla, u olvidarla con facilidad, ha tenido en nuestra historia terribles consecuencias. David Hume, el empirista inglés, que despertó a Immanuel Kant de su “sueño dogmático” (según el testimonio del propio Kant), venía a decirnos que, si los seres humanos tomaran conciencia de que ideas tales como “yo”, “mundo” o "Dios" (que tantas veces se vuelven sagradas, totalidades completas y definitivas), no son más que ficciones nuestras, quizás esto impediría que se aferrasen a estas presuntas verdades últimas hasta llegar a matarse por ellas, como sucede por desgracia en tantos casos.
Para concluir mi carta, que espero recibas con buena salud y, a ser posible, también con alegría, querría tomar conciencia (contigo), además, de algo que pasa desapercibido. Tan cegados estamos por lo que predomina en este mundo (y nos domina), por lo que triunfa y se nos presenta como lo único valioso, que dejamos de lado lo más obvio. Y para eso estamos aquí, con estas nuestras misivas, ¿no es cierto? Tratando de la ceguera y de la lucidez, que nos permita ver un poco más claro, en medio de tanta turbidez, en la sociedad de las prisas y de lo inmediato, por donde se despeñan nuestras vidas a menudo. Te planteo una revolución, un giro copernicano, un cambio de rumbo, una crisis y una resurrección: en el mundo de hoy, empeñarse uno en buscar el bien y la verdad, a pesar de las circunstancias, a pesar de que no esté de moda, aunque sea yendo a contracorriente... Y no te doy más pistas sobre tan obvia revolución necesaria, según mi percepción, por ver cómo excita tu imaginación y tus ideas. ¡Un abrazo!
Antonio Sánchez



