Querido amigo Antonio
Comienzo con tu referencia final a las ciencias sociales, porque coincido plenamente en tu diagnosis. La psicología y la sociología, especialmente, han vendido su conocimiento de manera ilegítima al mercado de la publicidad y del poder. Eso es evidente. Además, son ciencias torpes y caducas. ¿Para cuándo una revolución en ciencias sociales equivalente a la Física cuántica?
En otro orden de cosas, cuando hablas de la invasión del mundo de la vida por parte de los medios (dinero y poder, básicamente), citando a Jürgen Habermas, creo que se establece una generalización que puede resultar equívoca. Me explico. Hay una diferencia esencial entre el mundo anglosajón y Europa (continental) en cuanto a tolerancia a las intromisiones del dinero y el poder en nuestras vidas. El mundo anglosajón tolera con cierta aquiescencia las intromisiones en su intimidad por parte de empresas, pero es radicalmente intolerante a las intromisiones por parte del Estado. En cambio, en Europa toleramos más las intromisiones del estado y recelamos de las que perpetran las empresas. Aunque eso está cambiando conforme se extiende la uniformización que promueve el propio mercado.
Dicho lo cual, estoy de acuerdo en que pasemos a los casos concretos. Y comienzo por uno que nos confirma la condición de efímero de todo aquello que hoy creemos inalterable, por ejemplo, la red de Internet como canal de conexión internacional. Ya sabemos que hay países que establecen cortafuegos para filtrar todo el aluvión de publicaciones que se vuelcan en dicha red. Es el caso de China. Pero las cosas no van a quedarse aquí. Ya es conocido que Rusia está preparándose para una desconexión total, en caso de necesidad. Y esa necesidad puede venir forzada por el hecho de que un enemigo de guerra utilice tu propia infraestructura de internet para asestar durísimos golpes estratégicos.
Otro ejemplo: las stablecoins. Es algo que ya está aquí. Se acaba el monopolio bancario y se socava la predominancia de la moneda oficial. Cualquier gran empresa podrá crear su propia moneda, eso sí, referenciada a una equivalencia estable con otra moneda oficial (que va a ser casi siempre el dólar). De paso, deberán comprar deuda pública en cantidad equivalente a la moneda emitida. ¿Hay una manera más eficiente de blanquear deuda? Es una jugada maestra.
Y en cuanto a las empresas que desarrollan inteligencia artificial, la necesidad de recursos económicos es ilimitada, por eso invierten entre ellas creando una situación de potencial estafa piramidal que puede reventar en cualquier momento. ¿Y qué decir de la insostenible necesidad de energía? Todo esto está empujando a recuperar empresas e instalaciones de generación altamente contaminantes, porque es lo único que hay disponible para cubrir ese crecimiento exponencial.
En ámbitos más cotidianos, la realidad es que vamos a entrar en una era de gran inseguridad en todo lo referente a nuestros datos. La potencia de la IA y la futura computación cuántica serán un ariete poderoso para vencer cualquier sistema de seguridad de los sistemas informáticos. Vaya perspectiva, sobre todo para ciudadanos sin conocimientos avanzados de todas esas nuevas tecnologías. Y ante la perspectiva de que incluso puedan llegar a obligarnos a que todos nuestros datos de identificación oficial estén disponibles en una App. No sé, no sé.
Verás, tengo un amigo periodista que dice que él no utiliza smartphone, sino estupidphone (ahora los llaman dumbphones). No sé si tendremos que llegar a eso. Lo que sí sé es que toda esta tecnología tiene propietarios y quieren apropiarse además de nuestras vidas.
La cuestión es que las tecnologías también tienen una dimensión positiva. La ciencia, por ejemplo, está avanzando como nunca gracias a la IA en ámbitos muy prometedores. Y en lo particular, por decir algo, tenemos unas herramientas fabulosas para sentirnos conectados con aquellos seres queridos que están lejos, o podemos satisfacer instantáneamente nuestra curiosidad casi de manera ilimitada. En cuanto a la faceta creativa, las posibilidades son increíbles. Imagen, vídeo, diseño… La contrapartida es que a partir de ahora nadie va a poder demostrar que es autor único de su obra, y que no ha intervenido en el proceso la IA.
En fin, ¿qué hacer ante todo esto? ¿Qué debo hacer como ciudadano, como padre, como hijo, como amigo, como amante, como vecino, como profesor, como alumno o como alma errante? ¿Quién quiero ser? ¿Hasta dónde quiero elevar mi potencial o consentir mi dependencia? En mi caso, reconozco la necesidad de reducir el ruido, la prisa, la dependencia de la tecnología, las necesidades, la prepotencia, el egoísmo, etc, etc. Ya comencé a desprenderme de algunas de esas lacras, pero el camino es largo y los errores frecuentes. Creo que si hoy me pregunto eso que tú sugieres en tus charlas: ¿quién soy yo?, ya no podría contestar lo mismo que hace nueve o diez años.
Tal vez tengamos que ir más lejos y preguntarnos también, ante todo este mundo desconocido y desafiante, ¿qué podemos, qué debemos hacer?
José Luis Campos


