Fuente Hondera (Capileira)

15 enero 2026

Sobre la educación 6/6


Querido amigo,

creo que es obvio cuánto estamos malogrando en nuestras comunidades (más pequeñas o más amplias) por no hacer las cosas bien. ¡Cuánta falta hace desarrollar una visión crítica (que ya sabemos que, primero, ha de ser autocrítica) de lo que nos pasa, de lo que no está pasando! Nosotros, en la medida de nuestras posibilidades, es lo que estamos haciendo aquí, con este nuestro intercambio epistolar. Pero, ese “hacer las cosas bien”, que en educación es vital, tiene una sombra: ¿en qué consiste?, ¿cuáles serían sus contenidos? Y aquí vale aquello que ya decíamos, en cartas anteriores (sobre la democracia): lo que debemos hacer tendríamos que vislumbrarlo entre todos, todos nosotros. De ahí que sea tan importante tener muy claros los principios básicos, los valores que consideramos esenciales, que nos parecen auténticas guías de nuestra acción colectiva, de todos y de cada uno de nosotros. Así que celebro contigo esos objetivos básicos que tú propones, y a los que podríamos añadir otros más, juntos, todos nosotros. Y esto sería dialogar. Yo, por mi parte, pongo por delante ese aprendizaje del cuidado del que hablas, en todas sus vertientes (el cuidado de sí o el autoconocimiento, el cuidado de los otros, en su singularidad y en su hermandad, y el cuidado del mundo, su preservación para las generaciones futuras, una mirada más allá de lo inmediato, lo que interesa solamente aquí y ahora).

Y claro que esos contenidos más concretos que recoges mejorarían, seguramente, nuestro mundo (¡imagina, por ejemplo, desarrollar la creatividad en el aula en lugar del aprendizaje imitativo y repetitivo, imagina desarrollar el pensamiento propio, el criterio propio, en lugar del estropicio del todo vale o da lo mismo, y sólo perseguir, al modo sofista, que mi verdad se convierta en tu verdad y pueda manejarte así al antojo de mis deseos, imagina, por ejemplo...!). Pero, como siempre, lo decisivo sería la puesta en práctica de esos contenidos, ¿cómo llevarlos a cabo, y quién y desde dónde los llevaría a cabo? (Algo de lo que ya hemos hablado).

Puedo decirte, por mi experiencia como docente, que de nada sirven los buenos propósitos de los preámbulos de las sucesivas leyes educativas y las propuestas didácticas innovadoras, primero, si el educador no ha cambiado, si él mismo no ha desarrollado sus capacidades educadoras (la verdadera formación del profesorado no consiste en la realización de cursos meramente formales, vacíos o espurios) y si el contexto de la educación establecida continúa asfixiado por currículos inabordables por su extensión o especialización, o bien, por la toxicidad de los requerimientos burocráticos que les caen encima a los docentes, como una plaga, desde una Administración que ni colabora ni comprende desde el corazón, y ni siquiera administra con cabeza, sino siguiendo las exigencias internas del propio aparato burocrático, que tiende a su propia autorreproducción. ¡Esto sí que necesita un buen cambio y una buena desinfección! Así que dejemos tranquilita a la Pedagogía oficial, que ha necesitado abrirse paso y hacerse su nicho en la educación de nuestros niños y adolescentes, pues será mejor para el tono tranquilo de estas cartas... querido amigo.


Antonio Sánchez


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