Fuente Hondera (Capileira)

05 enero 2026

Sobre la educación 5/6

 


Por supuesto que lo creo. Me parece que lo has definido perfectamente con tu frase: «No educa lo que sé, sino lo que soy». Es evidente que hay que proponer un horizonte social y personalmente deseable y adecuado para que todos los educadores caminemos en la dirección correcta. Y la dirección correcta es la del bien común.

No obstante, es posible que definir en este punto el «qué» pueda ayudarnos un poco. Porque más allá de quién es personalmente el educador, si lo que ha de transmitir está, por ejemplo, alineado con el bien común, va a ser mucho más difícil torcer el resultado.

No todos los sistemas educativos del mundo tienen el mismo currículum. No todas las sociedades educan con los mismos objetivos. Sería útil comenzar buscando lo que otros ofrecen y, si vale la pena, copiarlo. (Ver, por ejemplo, algunas diferencias notables entre nuestro sistema escolar y el japonés).

Por establecer algunas consideraciones generales diré que los contenidos que deberíamos transmitir a los educandos habrían de cubrir estas áreas:

  • Conocimiento del entorno para garantizar nuestra supervivencia y su preservación y transmisión a la siguiente generación en las mejores condiciones de habitabilidad. (Aquí puede ayudar las ciencias no sociales, la tecnología, la filosofía, etc.).

  • Conocimiento de la realidad social y sus cuidados. (Pongamos que sea a través de las ciencias sociales —geografía, historia, sociología, psicología, economía, etc.—, la medicina, la higiene, la filosofía, las lenguas, el arte, la expresividad, etc.).

  • Conocimiento y cuidados de uno mismo. (Por ejemplo con la educación física —gimnasia, deportes, yoga, alimentación— y sexual, la filosofía, la psicología, la ética, la higiene, la medicina, el arte, la expresividad, el bricolaje, etc.).

Ya sé que es un marco muy general, pero ahora nos permite hacernos algunas preguntas. 

  • ¿Por qué no enseñamos a mantener limpio y ordenado el espacio en el que estamos: en clase o en casa? ¿Por qué no lo defendemos a capa y espada como una virtud irrenunciable?

  • ¿Por qué no enseñamos a comprar en el mercado, una farmacia, una ferretería o por internet?

  • ¿Por qué no enseñamos a buscar —qué buscar, dónde y por qué—? No me refiero solo a través de internet.

  • ¿Por qué no enseñamos el reglamento de circulación?

  • ¿Por qué no enseñamos primeros auxilios o reglas básicas de higiene?

  • ¿Por qué estamos apartando la música o la filosofía de la educación?

  • ¿Por qué en muchos casos no se sale de clase para conocer la realidad que se estudia?

  • ¿Qué pasa con la alimentación, la respiración, las posturas, el sueño?

  • ¿Qué hacemos en cuanto al silencio, la soledad, el respeto, la frustración?

  • ¿Cómo manejamos las patologías serias? ¿Y cómo apoyamos a quienes intervienen en ellas?

  • ¿Cómo recuperamos los claustros participativos, críticos, proactivos? ¿Cómo detectamos e intervenimos sobre las prácticas inaceptables en puestos de dirección?

  • ¿Cómo integramos activamente a la comunidad en el aula?

Muchas de las respuestas a esas preguntas pasan por establecer esos horizontes de los que hablaba antes. Y ya que la pedagogía es tan amiga de la programación, id colgando esas preguntas y otras muchas que me olvido en el tablón, porque son o tienen mucho que ver con los objetivos deseables y adecuados, diseñad tareas, cronogramas y evaluaciones, y no deis ni un paso más sin haber conseguido borrar cada una de ellas de la columna de la indolencia colectiva.

Porque la pregunta más importante que nos tenemos que hacer es: ¿Cuánto ganaríamos si hiciéramos las cosas bien, pero bien de verdad? O dicho de otro modo: ¿Cuánto estamos perdiendo por no hacerlo?

José Luis Campos

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