Fuente Hondera (Capileira)

25 mayo 2026

Sobre la libertad 5/8

 



Amigo mío,

Si, como dices, «el individuo orgánico evalúa, cada uno según su biología o constitución, desde de lo más instintivo o pre-programado a lo más consciente, lo que es importante de su medio, para perseguirlo o para evitarlo», deberemos reconocer que estas elecciones se realizan entre unos límites muy estrictos que las condicionan absolutamente.

Hace unos años —pocos— escribí un texto bastante inspirado sobre los límites y creo que vale la pena traerlo aquí para comprender en qué escenario se mueve la libertad:

«Breve como intensa, dulce como lacerante, en algún momento de cuya memoria quisiera tener conciencia llegó a mis oídos una canción que decía así: “Mi vida limita al norte con la muerte, al sur con mi madre herida, a la derecha mi amo contabilizando el aire, y a la izquierda tu sonrisa, amiga de amar, amante”. No supe hasta mucho después que el autor de esta glosa era León Felipe, porque, en realidad, yo lo escuchaba en las voces de un maravilloso grupo coral que algunos tal vez recordaréis: Aguaviva. 

»No deja de ser curioso que venga a mi memoria esta canción en días como estos, con temperaturas de un calor extremo tanto de día como de noche, con incendios forestales de consecuencias catastróficas, con regiones polares acelerando el ritmo de un deshielo definitivo. 

»Los límites se van estrechando. Sabíamos que nuestra madre solo era fértil en determinadas condiciones, que esas condiciones eran delicadamente frágiles y constreñidas. Vivimos, por ejemplo, en el interior una fina capa de siete a diecisiete kilómetros, según se mida en los polos o en el ecuador. Todo sucede entre los cinco mil metros de altitud y los dos mil metros de profundidad. Fuera de ella no hay vida, no es posible la vida. 

»Por no hablar de frío y de calor. Por debajo de -18ºC y por encima de 50ºC, las condiciones para la vida son casi insalvables. Más allá de estos límites solo se puede encontrar vida en estado latente, en márgenes definidos entre -200ºC y 80ºC/110ºC. Pero es testimonial.

»También podríamos anotar los límites del aire. Ya sabéis: nitrógeno, al 78%, oxígeno, al 21%, gases nobles, al 1% (argón, neón, criptón y helio), dióxido de carbono, al 0,04% y vapor de agua, más o menos al 0,97%. Cualquier alteración de esta composición significa un riesgo para la vida. El aumento de partículas de polvo, por ejemplo, cambia la carga eléctrica de los iones produciendo un deterioro importante en la salud. Además, no hemos dejado de inyectar nuevas sustancias a su composición en las últimas centurias y lo peor es que algunas de esas sustancias que contiene ahora el aire son altamente reactivas, son más propensas a interactuar con otras para formar nuevas sustancias. Cuando algunas de estas sustancias reaccionan con otras, pueden formar contaminantes muy peligrosos.

»Es en ese mismo aire en el que necesitamos respirar entre las 44 veces por minuto de un bebé y las 8 a 16 de un adulto, todo ello en estado de reposo. No parece aconsejable intentar batir el récord de apnea, aunque el aire no sea de la mejor calidad.

    »Con la comida tenemos más margen. Podemos dejar de comer hasta 45 o 60 días, pero los resultados serán funestos. Si queremos que todo vaya bien, mejor comer entre tres y cinco veces al día.

»Necesitamos en definitiva tierra firme, fuentes de agua potable, suelo orgánico, lluvia en su cantidad justa, vegetación y fauna, etc. Y necesitamos que todo ello se relacione de una determinada manera en que la convivencia entre todos los factores favorezca la fertilidad y la reproducción de millones de formas de vida que conocemos y, sobre todo, que no conocemos. Todas ellas forman parte del engranaje.

»Si abusamos del sedentarismo nuestro cuerpo abandona sus condiciones óptimas. Si abusamos del esfuerzo físico, se colapsa. Si vivimos en soledad, nuestra mente sufre. Si nos sumergimos en un gregarismo extremo, nos asfixiamos psíquicamente. 

»Si nuestros emolumentos están por encima del sueldo mínimo interprofesional podremos sobrevivir modestamente. Por debajo de este, seremos más o menos pobres —en esto también hay grados—. Si estamos muy por encima, seremos económicamente ricos, pero nuestra tasa de necesidades a cubrir experimentará un alza incontrolable.

»Es de locos. ¿Cómo ha sido posible que prospere la vida en estas condiciones Y, sobre todo, ¿cómo es posible que algunos iluminados piensen que pueden controlar este mecanismo? Los límites son muy marcados y, sin embargo, el engranaje es de una complejidad inimaginable.» 

(Instinción Rebelión, 2022)

Nunca podré dar las gracias a todos aquellos seres maravillosos que me han ayudado a vislumbrar lo extraordinario, dentro de esos límites. Sería justo que lo supieran. Que supieran qué importante fue su libro, su composición, su pintura, su inspiración para alguien como yo, o como tú. Porque la soledad en la estrechez de estos límites puede llegar a ser extenuante, y más la soledad de quienes andan siempre en esa estrecha vereda que ensancha la sensación de finitud. 

Caminante, no hay camino, sino estelas infinitas en un mar imaginario... ¿Tal vez es eso la libertad?

José Luis Campos


15 mayo 2026

Sobre la libertad 4/8


Querido amigo, tu carta me ha hecho sentir que estamos llegando al núcleo del problema de la libertad. Poco a poco conseguiremos, eso espero, aclarar y aclararnos, de cara a cualquier inteligencia que se precie de tal (me ha hecho gracia eso de que una IA pueda leernos). Y no es sobre el tema de los límites de la IA de lo que hablamos, pero, como estamos hablando de lo propio de una inteligencia natural (me encanta la expresión), creo que una inteligencia artificial ni se va a enterar (o eso esperamos).

En efecto, has nombrado, directa o indirectamente, dos ingredientes fundamentales de la libertad... humana. Uno sería la conciencia o capacidad de ser conscientes, y el otro ingrediente la búsqueda de la felicidad, de la que hablas afortunadamente en tu carta (o también la risa que, efectivamente, podemos dejar para otro momento).

Quizá no me expliqué bien. Esa condición de lo inteligente, que necesita interactuar con su entorno para poder sobrevivir, no se cumple mecánicamente, como los relojes de los que hablábamos en la carta anterior, y que simplemente funcionan o no funcionan (si sus piezas no interactúan convenientemente se avería, pero no tiene la capacidad de auto-crearse sobre la marcha), sino que el individuo orgánico evalúa, cada uno según su biología o constitución, desde de lo más instintivo o pre-programado a lo más consciente, lo que es importante de su medio para perseguirlo o para evitarlo.

Así que tranquilo... una (mal-llamada) “inteligencia” artificial no se convertirá en orgánica cuando “sienta” la necesidad de protegerse de amenazas exteriores. Puede que algún día sea posible que una máquina “se defienda”, pero no lo va a sentir ni lo va decidir de una manera consciente, ni siquiera instintivamente. Puede que lo haga, pero como resultado de una función o un conjunto de funciones, que es algo muy distinto. Esto no significa que no pueda llegar a ser más eficaz (en algún sentido) que una inteligencia natural, pero, simplemente, sería otra cosa: hay un salto entre lo natural y lo artificial (según Aristóteles, lo natural es un principio (physis) que constituye el propio ser, se halla en sí mismo, por sí mismo y no por otro, el artífice).

La inteligencia es un atributo del ser natural (que es según physis), que le permite ser capaz de ordenarse y reordenarse a sí mismo continuamente, si nada se lo impide. Volviendo a Spinoza, tan incisivo como siempre, nos dice de nuevo en su Ética: “todo ser se esfuerza por perseverar en su ser con una duración indefinida, y es consciente de ese esfuerzo suyo”.

Planteas muy bien la cuestión de la libertad ligándola a la felicidad, porque una auténtica felicidad solamente puede venir de una auténtica libertad. Pero no hay libertad sin liberación de nuestros condicionamientos internos (deseos y temores, huidas y compensaciones, compulsiones y resistencias, consecuencia de heridas o vacíos, impregnados éstos de ideas limitadas o erróneas que nos llevan a sufrir), no solamente condicionamientos externos, que es lo que suele entenderse por libertad. Si esta liberación interior no está presente, o no ha sido trabajada suficientemente, no es de extrañar que acabemos convirtiéndonos en sujetos hedonistas que, si se descuidan, acabarán siendo esclavos de sus propias compulsiones, muchas veces creadas desde fuera, como bien alude la cita de Anabel Palomares, que traes en tu carta.

Así que, de ninguna manera, en mi opinión, el bienestar de tipo hedónico que mencionas podrá conducir a un bienestar superior de tipo eudaimónico (de nuevo Aristóteles), pues está claro que no nos libera, sino todo lo contrario. Precisamente el proceso de autoconocimiento que conlleva esa liberación es lo que nos aproxima a la auténtica libertad: ser yo mismo en lo que hago, en lo que pienso, en lo que siento, en lo que digo... Algo con lo cual tú acabas tu carta. Así que estamos de acuerdo en el fondo.

Pues bien, con todo esto que hemos discutido hasta ahora, nos hemos referido, más bien, a la vertiente ontológica de la libertad, en el individuo, base de cualquier discurso sobre la libertad en el contexto social. Pero quiero retomar, querido amigo, una idea que mencioné de pasada en mi carta anterior. Siendo como es la libertad tan importante para concebirnos como seres humanos (según Kant, hay dos evidentes realidades: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí, cuyo fundamento es la libertad), ¿cómo podemos contribuir a que la libertad no sea una palabra gastada, que todos mencionan o usan, pero en la que casi nadie cree ya, si no es como una palabra mágica con que movilizar el voto o aumentar los beneficios, un medio y no un fin? Y esto no lo podemos permitir, creo yo... que campe a sus anchas esta tendencia. ¿Cómo orientar nuestra libertad para construir un mundo mejor?


Antonio Sánchez

05 mayo 2026

Sobre la libertad 3/8

 


Amigo Antonio:

Hagamos una «previa» en esta respuesta, al margen del tema que nos ocupa. Extraigo de una idea que expones en tu carta una conclusión inquietante. Si llamamos inteligencia a la necesidad de interactuar para sobrevivir, ¿es oportuno pensar que una inteligencia artificial pasará a ser orgánica cuando sienta la necesidad de defender su existencia [sobrevivir] interactuando con el entorno «libremente»? No me negarás que es una perspectiva delicada. Porque, en todo caso, ¿seremos capaces de «explicar» a una inteligencia artificial qué es exactamente la libertad?

Sospecho que ha de ser muy difícil sobrellevar la cualidad de inteligente sin tener algunos atributos necesarios como el de la expectativa de libertad, o el del humor y la risa (eso da para otra serie, ¿verdad?).

Dicho esto, perseveremos en explicar a la IA o cualquier otra IN qué es la libertad, por si acaso se da una vuelta por este blog.

Pensemos qué ocurriría si a un organismo libre pudiéramos convencerlo de que lo deseable para su supervivencia fuera algo realmente perjudicial. 

Hay una idea de libertad básica que está firmemente ligada a la idea de felicidad. Se fundamenta, no en el instinto de supervivencia, sino en el anhelo de poder alcanzar cualquier tipo de bienestar hedónico. Me remito a un buen artículo de Anabel Palomares en la revista Trendencias en el que parte de las teorías de Zygmunt Bauman y dice: «La psicología asegura que existe una diferencia entre bienestar hedónico y bienestar eudaimónico. El primero está relacionado con el placer, la comodidad y el disfrute y el segundo, con el sentido de la vida, las relaciones o el crecimiento personal. El consumismo actual estimula el primero y olvida el segundo, y eso es un problema.»

Creo entender que para muchas personas buscar bienestar eudaimónico pueda plantearse como un objetivo complicado o incómodo, y resulte mucho más sencillo y gratificante a corto plazo buscar un bienestar hedónico. Pero es evidente que lo que se pierde por el camino es la soberanía de darle uno mismo sentido a su vida. ¿Puede ser esto una explicación al incremento exponencial de los problemas existenciales de muchas personas en nuestra sociedad?

Queda planteada, pues, una primera cuestión para quien pudiere estar interesad@, sea IA o IN en esta cuestión: ¿Queremos libertad para elegir el coche de nuestros sueños o para dar sentido a esos sueños? ¿Queremos que la libertad nos conduzca a consumirnos en deseos o a consumar una felicidad liberada de deseos fútiles?

Tal vez me has contestado ya cuando planteas que «la aceptación e integración  de lo necesario, te permite liberarte». Y tal vez haya quedado un poco más claro en mi respuesta qué es lo necesario. ¿Podría ser que el  bienestar hedónico conduzca a la liberación y el bienestar eudaimónico a la libertad?

Rezaba el viejo mantra jainista: «Me postro a los pies de todos aquellos que se han conocido a sí mismos.» ¿Se puede realmente llegar a ser libre sin este conocimiento?

José Luis Campos