Fuente Hondera (Capileira)

25 marzo 2026

Sobre la tecnología 7/8

Estoy deseando que me expliques tus reflexiones finales sobre la inteligencia artificial, y después de todo lo mucho o poco que hemos ido desgranando en este capítulo sobre la tecnología debo decirte que solo me queda un aspecto a considerar.

Creo que todos tenemos claro que el esfuerzo en inversión para el desarrollo de la IA es incalculable, desproporcionado. Llevará a donde lleve —no sé si a buen puerto—, pero el proceso en sí es algo nuevo y desconocido. Significa un desequilibrio que provoca una gran incertidumbre. Cuando hablo de desequilibrio me refiero a que puede alterar dinámicas de poder y escenarios de relación que eran más o menos estables. Cuando hablo de incertidumbre me refiero a que sentimos que va a generar realidades nuevas y desconocidas a las que tendremos que adaptarnos o contra las que tendremos que batallar.

Pero todo eso está fuera de nuestro alcance, al menos como individuos. Si queremos influir en este juego, vamos a tener que ingresar en comunidades organizadas y conscientes que hagan frente a los abusos por venir y que influyan en el proceso, velando por el bien común.

Sin embargo, creo que la apuesta más sensata que podemos hacer —individual y socialmente— es invertir mucho más en inteligencia natural. Muchas de tus aportaciones van también en este sentido. Si la inversión en inteligencia natural se incrementara a valores equivalentes a los que se está gastando en desarrollar la IA, el problema sería menor. ¿Y qué es invertir en inteligencia natural (IN)? Básicamente, desarrollar al máximo el potencial de nuestra mente y de nuestras herramientas sensoriales para establecer relaciones fructíferas con nuestros semejantes y nuestro entorno natural, de modo que aporten conocimiento, autoconocimiento, capacidad de adaptación y capacidad de enriquecimiento del medio en el que vivimos.

Insisto en que es el conocimiento y el autoconocimiento la clave. Saber hacer las preguntas oportunas, saber buscar las respuestas adecuadas, sentir la manifestación de la vida en el propio yo, dialogar verbal y emocionalmente con todo lo que nos rodea. Entender, interpelarse, dudar, sorprenderse, gozar del crecimiento. ¿Cuánto estamos dispuestos a invertir en todo eso? 

Tengo que hacer mención aquí a la inquietante demolición incontrolada de nuestras redes de apoyo emocional. Nos hemos precipitado sin rubor en una dinámica de aversión a la fricción social. Cualquier interacción que no esté mediada por una pantalla, cualquier interrupción fuera de los canales establecidos por las redes sociales son considerados con desagrado o como una amenaza. Escuchamos antes el consejo de un chatbot que de una amiga o un conocido. Estamos desechando esas excusas para el contacto, de modo que los vínculos se atrofian. Y no lo digo yo. Lo dice, por ejemplo, Javier Jiménez en este artículo que vale la pena leer.

Sospecho, en definitiva, que el proceso de desarrollo de la IA incluye entre sus objetivos provocar el subdesarrollo de la IN y las redes de apoyo emocional de sus clientes o usuarios para inducir dependencia, y que esa dependencia genere el mayor nicho de negocio conocido. Tienen mucho ganado a priori desde que el mundo transita por los oscuros derroteros de la civilización de consumo. De ese modo conseguirán que la IN sea una manifestación egocéntrica, prepotente y estúpida que se estrangula y se engaña a sí misma. 

Quiero pensar que algún día, de algún modo, podamos llegar a ver el gigantesco potencial de la IN y seamos capaces de desarrollarlo. Y espero que no tardemos mucho.

José Luis Campos


15 marzo 2026

Sobre la tecnología 6/8



Querido amigo, ¡que éste 2026 sea un venturoso año para todos! Y como esto va a ser muy difícil de cumplir, que cada uno se afane lo que pueda dentro de su esfera, y así pueda unirse a la esfera de otros muchos, y que esto se convierta en un orbe que abarque el mundo entero. Otra cosa no podemos hacer, dado que tantas situaciones no dependen de nosotros, aunque es cierto que otras muchas sí. Y bueno, creo que de esto va lo que intentamos hacer desde aquí con nuestra comunicación epistolar, a la vieja usanza. Al menos ayudar a crear una conciencia nueva, el primer eslabón de la cadena de un cambio a mejor en nuestro modo de vivir...

Y este tema que nos traemos entre manos, creo que es fundamental por las consecuencias para el mundo (humano y no humano) que se derivan de nuestras acciones tecnológicas. Así, hemos de recuperar el principio de responsabilidad que proponía Hans Jonas en su libro homónimo, y que reformula el conocido imperativo kantiano: “Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra”. Y yo lo extendería, con él, al cuidado de toda vida en general.

Comienzo comentando los matices que introduces al principio de tu carta anterior. “¿Para cuándo una revolución en ciencias sociales equivalente a la Física cuántica?”. Mi respuesta rápida: cuando las ciencias sociales y humanas dejen de mirarse en las ciencias naturales, de querer parecerse a ellas y de valorarse a sí mismas a partir de ellas; que no tienen por objeto de estudio a seres que pueden llegar a ser conscientes de sí, y cuya conducta o biología no es reducible a lo que puede ser cuantificado matemáticamente u observado a través de los órganos sensoriales externos.

Incluso, más bien (porque lo necesita el mundo y nosotros con él) habría que humanizar a la ciencia. “Humanizar la ciencia sería, por definición, hacerla amable, dulce y cordial”, dice la neurocientífica y divulgadora española Nazareth Castellanos, en el libro que estoy leyendo y disfrutando estos días: El puente donde habitan las mariposas. Biosofía de la respiración. Y también podríamos citar aquella “Soleá de la ciencia” de Enrique Morente, tan certera y expresiva: “Presumes que eres la ciencia / Yo no lo comprendo así / Como siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí.”

Y, sobre la equívoca generalización a la que aludes, con ocasión del predominio actual de los medios dinero y poder, no me interesa si este predominio posee un mayor o menor peso en unos lugares que en otros, sino el hecho de que cada vez más se los considera, a esos medios, como un fin en sí mismo, digno de ser perpetuado y que todo lo otro (valioso en nuestras vidas) se ponga a su servicio... algo de lo que tú también te das cuenta.

Y me ha encantado que aludas a diversas tecnologías que están generando riesgos en el mundo que tratamos de habitar humanamente. Pero haces un repaso tan rápido que me ha sabido a poco. Te voy respondiendo y, si me queda espacio, me explayaré algo más sobre alguna de esas tecnologías.

Sí, desde la pandemia al menos, tendríamos que haber tomado conciencia de lo efímero de muchos de los hábitos o costumbres (en el fondo) que damos por sentados, inconscientemente, en el vivir diario, como si los recursos que requieren fueran eternos o infinitos. Y, precisamente, las nuevas tecnologías (de todo tipo, en las comunicaciones, el transporte, la producción, en las relaciones...) parecen prestarnos esa sensación de imperturbable seguridad y precisión, cuando en realidad, tantas veces, nos hacen dependientes de su “buen funcionamiento”. Sin embargo, siempre pueden fallar y esto lo olvidamos. Recordemos el apagón eléctrico del día 28 de abril del año pasado. Pero, además de generarnos dependencia, disminuye la tecnología (por cómo la configuramos y nos relacionamos con ella) nuestras capacidades (que hay que ejercitar) para adaptarnos a las situaciones adversas y cambiantes, tan propias del mundo y de la vida.

No conozco esa manera concreta, que dices, de blanquear deuda, pero hay muchas, así como trucos financieros de todo tipo para trasladar a diversos paraísos fiscales, bien repartidos por todo el mundo, las ganancias más o menos legales u opacas y de orígenes dudosos o muy cuestionables. La minoría de ricos necesita leyes muy restrictivas para la mayoría de la población, y métodos y lugares permisivos para ellos, a donde poder trasladar sin dificultad su dinero o sus beneficios lícitos o ilícitos. Y qué duda cabe que las nuevas tecnologías digitales, llevadas a escala global, son la herramienta más poderosa que hasta ahora hemos tenido (mejor dicho, que han tenido).

No sorprenden, entonces, las estratosféricas desigualdades entre territorios y entre las personas del planeta. Una vez más, comprobamos que lo crucial en este tema de los avances tecnológicos, no es cómo se usen y para qué, sino las virtudes morales y políticas (si se han desarrollado o no y hasta qué grado) de quienes las usan, o mejor decir, de aquellos que las implementan. Así pues, por muy buena (a priori) que pueda parecer una tecnología, en el contexto del orden mundial que nos domina y manejada por aquellos que lo dominan, cuyos intereses pueden ser tan simples, primitivos y ciegos como el ganar más y más dinero y el poseer cada vez más y más poder o recursos para hacer negocio, ¿qué nos cabe esperar?

De la ciencia ya te he hablado... y de la creatividad, no nos engañemos: cuando sea difícil distinguir entre lo que ha creado un ser humano y una máquina (o así lo parezca), ¿quién va a tener la paciencia de esperar a que su creatividad se manifieste, si tendrá que ganarse el pan al ritmo en que produce una máquina?

Y no te engañes, quién eres no ha cambiado en ti, lo que ha cambiado, en esos nueve o diez años, es cómo eres y el tipo de vida que llevas, y en todo caso, algunas de tus capacidades que aparentemente habrán variado, no porque hayan evolucionado, sino porque las usas (las usamos) menos, por las prisas o la comodidad, y se estarían (se nos estarían) atrofiando; recuerda la tesis del homo videns, que te refería en la carta anterior.

Sabiendo algo de lo que nos cabe esperar, y que quizás no sea muy halagüeño, ¿qué podemos hacer, querido amigo? Pues lo que estamos haciendo. Para empezar, ser lo más conscientes posible de lo que pasa, de lo que nos está pasando. Y, como solían decir, al acabar su espectáculo, Tip y Coll (“¡El próximo día, hablaremos del gobierno!”), en mi próxima carta, ¡prometo hablar de la inteligencia artificial! Y no sólo como ellos, que sin llegar a hablar, hablaban...


Antonio Sánchez

05 marzo 2026

Sobre la tecnología 5/8

 


Querido amigo Antonio

Comienzo con tu referencia final a las ciencias sociales, porque coincido plenamente en tu diagnosis. La psicología y la sociología, especialmente, han vendido su conocimiento de manera ilegítima al mercado de la publicidad y del poder. Eso es evidente. Además, son ciencias torpes y caducas. ¿Para cuándo una revolución en ciencias sociales equivalente a la Física cuántica?

En otro orden de cosas, cuando hablas de la invasión del mundo de la vida por parte de los medios (dinero y poder, básicamente), citando a  Jürgen Habermas, creo que se establece una generalización que puede resultar equívoca. Me explico. Hay una diferencia esencial entre el mundo anglosajón y Europa (continental) en cuanto a tolerancia a las intromisiones del dinero y el poder en nuestras vidas. El mundo anglosajón tolera con cierta aquiescencia las intromisiones en su intimidad por parte de empresas, pero es radicalmente intolerante a las intromisiones por parte del Estado. En cambio, en Europa toleramos más las intromisiones del estado y recelamos de las que perpetran las empresas. Aunque eso está cambiando conforme se extiende la uniformización que promueve el propio mercado.

Dicho lo cual, estoy de acuerdo en que pasemos a los casos concretos. Y comienzo por uno que nos confirma la condición de efímero de todo aquello que hoy creemos inalterable, por ejemplo, la red de Internet como canal de conexión internacional. Ya sabemos que hay países que establecen cortafuegos para filtrar todo el aluvión de publicaciones que se vuelcan en dicha red. Es el caso de China. Pero las cosas no van a quedarse aquí. Ya es conocido que Rusia está preparándose para una desconexión total, en caso de necesidad. Y esa necesidad puede venir forzada por el hecho de que un enemigo de guerra utilice tu propia infraestructura de internet para asestar durísimos golpes estratégicos. 

Otro ejemplo: las stablecoins. Es algo que ya está aquí. Se acaba el monopolio bancario y se socava la predominancia de la moneda oficial. Cualquier gran empresa podrá crear su propia moneda, eso sí, referenciada a una equivalencia estable con otra moneda oficial (que va a ser casi siempre el dólar). De paso, deberán comprar deuda pública en cantidad equivalente a la moneda emitida. ¿Hay una manera más eficiente de blanquear deuda? Es una jugada maestra.

Y en cuanto a las empresas que desarrollan inteligencia artificial, la necesidad de recursos económicos es ilimitada, por eso invierten entre ellas creando una situación de potencial estafa piramidal que puede reventar en cualquier momento. ¿Y qué decir de la insostenible necesidad de energía? Todo esto está empujando a recuperar empresas e instalaciones de generación altamente contaminantes, porque es lo único que hay disponible para cubrir ese crecimiento exponencial.

En ámbitos más cotidianos, la realidad es que vamos a entrar en una era de gran inseguridad en todo lo referente a nuestros datos. La potencia de la IA y la futura computación cuántica serán un ariete poderoso para vencer cualquier sistema de seguridad de los sistemas informáticos. Vaya perspectiva, sobre todo para ciudadanos sin conocimientos avanzados de todas esas nuevas tecnologías. Y ante la perspectiva de que incluso puedan llegar a obligarnos a que todos nuestros datos de identificación oficial estén disponibles en una App. No sé, no sé.

Verás, tengo un amigo periodista que dice que él no utiliza smartphone, sino estupidphone (ahora los llaman dumbphones). No sé si tendremos que llegar a eso. Lo que sí sé es que toda esta tecnología tiene propietarios y quieren apropiarse además de nuestras vidas. 

La cuestión es que las tecnologías también tienen una dimensión positiva. La ciencia, por ejemplo, está avanzando como nunca gracias a la IA en ámbitos muy prometedores. Y en lo particular, por decir algo, tenemos unas herramientas fabulosas para sentirnos conectados con aquellos seres queridos que están lejos, o podemos satisfacer instantáneamente nuestra curiosidad casi de manera ilimitada. En cuanto a la faceta creativa, las posibilidades son increíbles. Imagen, vídeo, diseño… La contrapartida es que a partir de ahora nadie va a poder demostrar que es autor único de su obra, y que no ha intervenido en el proceso la IA.

En fin, ¿qué hacer ante todo esto? ¿Qué debo hacer como ciudadano, como padre, como hijo, como amigo, como amante, como vecino, como profesor, como alumno o como alma errante? ¿Quién quiero ser? ¿Hasta dónde quiero elevar mi potencial o consentir mi dependencia? En mi caso, reconozco la necesidad de reducir el ruido, la prisa, la dependencia de la tecnología, las necesidades, la prepotencia, el egoísmo, etc, etc. Ya comencé a desprenderme de algunas de esas lacras, pero el camino es largo y los errores frecuentes. Creo que si hoy me pregunto eso que tú sugieres en tus charlas: ¿quién soy yo?, ya no podría contestar lo mismo que hace nueve o diez años. 

Tal vez tengamos que ir más lejos y preguntarnos también, ante todo este mundo desconocido y desafiante, ¿qué podemos, qué debemos hacer?

José Luis Campos