Fuente Hondera (Capileira)

15 abril 2026

Sobre la libertad 1/8

 


Querido amigo:

En estos tiempos en que nuestras cartas se cruzan buscando abrevaderos frescos para nuestra sed de conocimiento, todo parece indicar que una multitud de caminantes apagan la suya con aguas estancadas y putrefactas vertidas en sus sedientos gaznates por aguadores que hacen pingües beneficios de esa estafa recurrente.

El agua fresca que buscamos no nace de la simplicidad; es un milagro escaso que requiere arte, esfuerzo y compromiso. El verdadero conocimiento nunca está estancado: es una fuente y fluye, y se derrama, haciendo fértil el páramo o la espesura. 

Nuestra actitud para encontrarlo se parece a la del zahorí que extiende ante sí un péndulo buscando manifestaciones sensibles de energía que atraviesen todo su ser, hasta el momento en que el péndulo se mueva. El flujo del conocimiento se «siente» primero y se entiende después. Primero nos atraviesa como una descarga y luego nutre nuestro espíritu y lo transforma. No basta con la herramienta; hace falta un ser vivo, y muy vivo, para ello.

Y ya que hablamos de herramientas y seres vivos, permíteme que haga hincapié ahora en la diferencia fundamental entre un mecanismo y un organismo: el organismo nace, crece, tiene el don de saber y poder reproducirse, y finalmente muere. En ese devenir asume de manera imprecisa multitud de funciones biológicas frente a su entorno: es decir, interactúa para sobrevivir. 

Por eso un organismo no está construido con la precisión de un reloj, porque no responde a una función única perfectamente delimitada. La supervivencia exige al organismo competir y colaborar, a partir de una interpretación acertada, tanto de las condiciones de la propia naturaleza como de las del «ilimitado» medio en que actúa. Y esto es así para organismos simples y para organismos complejos, por ejemplo un grupo social.

Dicho esto, amigo Antonio, ¿cómo encontrar una interpretación correcta de lo que significa la libertad? ¿Cómo explicar a propios y extraños la complejidad de definir y delimitar su fundamento y su funcionalidad? No parece fácil.

Entonces ¿por qué la multitud de caminantes bebe una libertad estancada y putrefacta? ¿Por qué compran el discurso de una libertad ilimitada y simple?

Si pensamos en un grupo social, por ejemplo, una orquesta sinfónica, puede intentar funcionar como un mecanismo y, sí, la música irá apareciendo mientras todos ejecutan a la perfección la partitura. Pero ¿es eso realmente lo que debe hacer una orquesta? ¿Está viva esa música? 

Si la orquesta intenta funcionar como un organismo, además de seguir la partitura, deberá cada cual interpretar innumerables estímulos del medio: sus compañeros, su estado de ánimo, su memoria, su estado físico, etc. para así adaptarse y ejecutar una interpretación de la música en un tiempo, una circunstancia y un espacio determinados. ¿Qué papel juega la libertad en ese caso?

Me gustaría pensar que la sociedad es como esa orquesta «orgánica» y no un mecanismo perfecto aunque muerto. Porque, veamos, ¿puede un reloj encontrar alguna explicación al tiempo que lo habita? No hay libertad alguna en marcar las horas, por tanto algo tendrá que ver la libertad con la cualidad del conocimiento, vamos, digo yo.

José Luis Campos 



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