Fuente Hondera (Capileira)

15 junio 2026

Sobre la libertad 7/8


 

Amigo Antonio:

Me gusta mucho la idea de límites posibilitantes. ¿Es la ética uno de ellos? 

Si tuviéramos que jugar un partido de fútbol (algo tan simple como inmortal para muchos), deberíamos aceptar que el «arte» de una o un gran futbolista debe desarrollarse dentro de los límites de las reglas del juego. 

Si convenimos que la vida es un juego, además de instalarnos en la idea de un sentido lúdico —cosa que no está nada mal—, debemos aceptar que tiene unas reglas sobre las que es posible crear algo maravilloso, algo artístico. Eso solo es posible cuando se desarrolla con un gran esfuerzo y una impagable satisfacción eso que tú llamas «confianza en el organismo», de manera que el desarrollo de nuestro potencial sea un objetivo en sí mismo.

Recuerdo la intensa emoción con que leí hace muchos años el libro de Erich Fromm El miedo a la libertad. Creo que no deberíamos terminar esta serie de cartas sin mencionarlo. Muy resumidamente: la libertad, dice Fromm, no es solo un derecho, sino también una responsabilidad que puede generar miedo. La necesidad de forjar dentro de ese marco una identidad propia provoca ansiedad y sentimientos de inseguridad (a esto contribuye, sin duda, la «sociedad líquida» de Bauman). La solución no puede ser, como bien apunta Fromm, la huída hacia el autoritarismo, la obediencia ciega, el gregarismo pasivo o la destructividad.

Aquí se hace necesario recuperar el componente lúdico del que hablaba más arriba. Se ha hablado, en relación al propio Erich Fromm y otros pensadores, de un concepto apasionante: la «Revolución divertida». Esta revolución propone una transformación social y política que sea alegre, creativa y liberadora, en contraste con las revoluciones tradicionales que suelen estar marcadas por la violencia, el sufrimiento y la opresión.

Combina dicha revolución conceptos tan poderosos como: 

    • la participación activa, entusiasta y creativa de las personas, desde la alegría y la creatividad; 

    • una autorrealización y una libertad auténtica, donde las personas se sientan motivadas a cambiar sus vidas y la sociedad desde un lugar de esperanza y compromiso positivo; 

    • evitar los patrones de dominación y destrucción que han marcado muchas revoluciones históricas, proponiendo un cambio basado en la cooperación y el respeto; 

    • y, por último, el respeto de la dignidad humana y el equilibrio con la naturaleza, apuntando a una sociedad más justa y sostenible.

Si «jugamos» este partido, que sea limpiamente, ¿no?, buscando la belleza, disfrutándolo, admirando al adversario —que no es más que un compañero de juegos—. Las posibilidades de vivir/jugar en libertad son inmensas. 

Jugar desde una actitud activa, entusiasta y creativa, desde la esperanza y el compromiso positivo, evitando los patrones de dominación y destrucción del oponente y respetando la dignidad humana y el equilibrio con la naturaleza. 

El reto es profundamente estimulante. El resultado puede ser delicadamente delicioso.

Juguemos, pues.

José Luis Campos


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